El Dinosaurio Diego Guarderas
Era un gran día en el museo de ciencias naturales. El profesor Charles Auckland no podía estar más emocionado. Había estado ocupado y por muchos meses se habia dedicado solamente al trabajo de la nueva exhibición del museo. Esta llegaría a ser parte del área prehistoria del museo. Estos eran huesos auténticos de un Diplodocus. Una especie de dinosaurio que pariente del Brontosauro. Durante toda su vida el Profesor Charles Auckland había estado fascinado por el estudio de los dinosaurios y qué mejor forma de aumentar su fascinación por esas criaturas que tener lo que alguna vez fue un ser vivo como recuerdo. Su fósil era un tesoro digno que cualquiera quisiera tener. Revisó el esqueleto de Dinosaurio con bastante delicadeza .Era sin lugar a dudas una obra de arte que contemplar. Entonces, notó algo que atrajo su atención. En el fósil del Diplodocus había una luz que causaba un brillo en la boca. Sintiendo curiosidad por saber qué era ese brillo, acercó su mano para tocarlo. Entones el profesor Charles Auckland sintió com si un rayo le cayera encima, al pasar el efecto el profesor se encontró en una auténtica selva de dinosaurios. Se podía notar cómo es que cada especie de Dinosaurio se movía para alimentarse. Unos se quedaban quietos en el piso y a la vez molían sus enormes bocas para morder las hojas verdes que crecían en los árboles. Mientras que otros Dinosaurios bajaban las bocas al lago y bebían del agua, como si no hubieran tomado nada en días. El profesor Nunca en su vida se había imaginando que contemplaría a estas magníficas bestias caminar en la tierra ante sus propios ojos. Entonces sintió por atrás como si algo le estuviese respirando en la nuca. Dio la vuelta, y para su sorpresa era el Diplodocus. Antes de que el profesor pudiera decir algo, la enorme bestia lo levanto con su Bocay lo puso en su espalda. De allí se puso a caminar como si tuviera un jinete montándole. El Diplodocus tomó un camino que lo llevó a una selva que parecía haber existido hace millones de años, el profesor no podía dejar de asombrase con todas las diferentes especies de dinosaurios que veía en el camino. Había, desde las especies más grandes hasta los dinosaurios más pequeños, lagartos que jamás había visto. Desgraciadamente su emoción término con miedo. Pues no hace mucho el profesor y el Diplodocus se encontraron cara a cara con un tiranosaurio Rex, uno de los dinosaurios carnívoros más grandes que camino el planeta. El profesor se agarro fuerte del Diplodocus mientras este corría sin parar. Era como estar en una maratón pero sin poder para, o perder seria una tragedia terrible. Nunca se imaginó que una especie de dinosaurio que parecía tan tranquilo y lento, fuese capaz de correr a tremenda velocidad. Para alejarse más de Tiranosaurio, el profesor tuvo la idea de mover al Diplodocus par lanzársela río mas cercano, esperando que las fuertes corrientes del mar al menos los llevaran a un lugar seguro. Para su suerte, el profesor y el Diplodocus logro dejar al Tiranosaurio atrás. Una vez en la orilla tranquila, el Diplodocus se subió atierra firme y movió su cuello para la espalda. Agarro al profesor y lo puso en el suelo. De allí se quedo mirando con una expresión de tranquilidad. Entonces el profesor sintió como si un golpe de rayo le cayera encima. De repente el profesor Charles Auckland se encontró boca abajo en el suelo del museo. Aunque tenía la mente despierta, sus ojos todavía estaban cerrados. Se pregunto si lo que le paso fue un sueño o de alguna manera fue realidad. Lentamente abrió los ojos para ver que tenia a su alrededor., le parecía que seguía en la misma área de la zona prehistórica del museo, donde se había quedado contemplando, el esqueleto del dinosaurio. Pero no estaba seguro de si realmente hubo un dinosaurio o fue parte de su sueño. Para su sorpresa cuando despertó el dinosaurio todavía estaba allí.
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